21va. JORNADA

BRAGA AMPLIÓ SU DECLARACIÓN Y LOS TESTIGOS APORTARON DATOS Y NOMBRES DE OTROS DETENIDOS EN EL HOGAR BUEN PASTOR, RIM 20 Y EL PENAL DE GORRITI

En la audiencia 21 de los juicios por delitos de lesa humanidad declararon tres testigos que aportaron datos sobre las detenciones de Aredes, Aragón, y los hermanos Córdoba. Asimismo, durante esta audiencia amplió su declaración el imputado Mariano Rafael Braga quien aportó nuevos datos sobre la estructura represiva en Jujuy, Salta y Tucumán y sobre la desaparición de Julio Rolando Álvarez García.

BRAGA: “Yo era un simple Teniente recién ascendido”. Braga comenzó diciendo que ningún General, Coronel, Capitán tuvo la valentía de aclarar como era la organización del Ejército y que él en una carta que le envió a Benjamín Menéndez señala que éste evade su responsabilidad y carga con las responsabilidades a los subalternos, violando el código militar.

Continuó su relato explicando que en la cadena de mandos entre él y Menéndez habían diez instancias, y luego extensa y detalladamente describió la organicidad del Ejército, donde aportó que el Cuerpo 3 del Ejército operaba en 9 provincias. Agregó que: “El caso Álvarez García está relacionado con Tucumán, no con Jujuy, y el Área 321 de Tucumán estaba al mando de Bussi”.

Luego nombró las fuerzas que integraban el Area 323 en Jujuy: RIM 20, Altos Hornos Zapla, Policía Federal, Policía Provincial, Servicio Penitenciario, Escuadrón 21 de La Quiaca, y que en 1976 el área fue reforzada con oficiales de inteligencia y del SIFE (Sistema de Inteligencia de la Fuerza del Ejército) y el Batallón 601 con personal militar y civil especializado denominado PCI (Personal Civil de Inteligencia).

“Existía una comunidad de inteligencia integrada por oficiales superiores, Bulacio, Marques, Aldao, Arena y Morales, ellos tomaban las decisiones sobre las detenciones de personas, no un teniente, ni un capitán. Nadie toma decisiones en el Ejército sin conocimiento del escalón superior”, continuó el imputado.

Manifestó que “se menciona a un oficial de inteligencia como si fuera una mala palabra, ser oficial de inteligencia no es matar, no es salir a secuestrar, y no es cualquier persona, es alguien que debe conocer la zona, tener manejo de información, reunirla y analizarla, eso lo hacía Hugo Tabbia”.

Después Braga mencionó que dentro de la especialización de los oficiales de inteligencia se encontraban los interrogadores y aportó en la audiencia un documento secreto de los lugares donde se encontraban los interrogadores. Yo era un teniente recién ascendido, no de inteligencia, ni interrogador, ni nada parecido”.

“Todos querían la cabeza de Álvarez García para llevársela a Bussi”. Braga recordó que se enteró que lo acusaban del secuestro de Julio Rolando Álvarez García por un artículo de Página 12 del año 1999, y dijo que ese año Inés Peña comenzó una campaña contra él que le hizo mucho daño y que desde ese momento empezó a investigar contactándose con militares, integrantes de la organización Montoneros y legisladores.

Luego dijo que el vehículo R6 que distintos testigos vieron en el secuestro de Pampero Álvarez García era de Jones Tamayo. Además “no fue un secuestro ilegal sino un operativo legal porque Álvarez García tenía antecedentes en Tucumán y no lo hizo ningún miembro del Área 323 sino el comando de la sub-zona a cargo de Bulacio y luego que lo detienen lo llevan a Tucumán”.

Continuó diciendo que se reunió con Bussi para preguntarle por el caso Álvarez García y que éste se sorprendió por la pregunta “y asumió su responsabilidad por el secuestro de Álvarez García quien, según contó, le dijo: ud me viene a preguntar por quién hizo el acto más grande de terrorismo, la voladura de un avión Hércules en 1975, entonces lo mandé detener”.

Recordó que si colaboraba con Bulacios para la atención a los familiares de detenidos “Álvarez García no estuvo detenido en Jujuy, porque lo llevaron directamente a Tucumán”.

“Me encontraron libritos y me pusieron el rótulo de subversivo”.  “El mayor Arenas me encontró libritos y me dijo que era subversivo, los libros trataban sobre la temática social latinoamericana y él pensó que eran subversivos, pero después me los devolvieron”

 

SERGIO BELLIDO: Subdirector del Servicio Penitenciario desde 1962 hasta 1976, cuando lo detienen

“Estuve detenido en 1976 durante 6 u 8 meses, no solo a mi sino a diputados y funcionarios del gobierno, nos tiraron en un camión de la basura y nos llevaron al penal de Gorriti donde nos esperaban Vargas y Maldonado”, comenzó su relato.

El testigo dijo que cuando lo liberaron del penal lo detenían a cada momento, “era un cautivo, me hicieron caminar por todas las comisarías de Jujuy por causas que luego las hacían desaparecer”.

“En el 83 me hacen planta permanente del Servicio Penitenciario, en el 87 me pasan a retiro. Vargas era responsable del penal. Braga y Bulgheroni dos veces vinieron al penal”, agregó.

Recordó que antes de 1976 los detenidos políticos estaban en el Pabellón 4 y en el 1 estuvo él, y que después del 24 de marzo algunos los liberaron, “a mi me detuvieron sin orden de detención y nos llevaron al RIM 20 donde nos pusieron contra una pared de piedra con los ojos vendados y las manos esposadas y nos hicieron simulacro de fusilamiento”.

En el penal dijo que los gendarmes paseaban por los pasillos haciendo ostentación con armas.

EL SECUESTRO DE GERMÁN CÓRDOBA: UN RELATO QUE RATIFICA LA CENTRALIDAD DE LEDESMA EN LA HISTORIA DE LA REPRESIÓN

Delfina Córdoba es hermana de los detenidos desaparecidos Leandro y Germán Córdoba. En la Audiencia Nº 21 del juicio narró los padecimientos soportados por esas pérdidas y la incertidumbre y el maltrato que sufrieron durante el proceso de búsqueda de sus hermanos, así como el tormento que significó la impunidad. “Que alguna vez nos entreguen los huesos de mis hermanos para darles sepultura. Hace 36 años que llevamos el luto y el dolor en nuestras almas” describió.

La testigo señaló que su hermano Leandro fue secuestrado en la ciudad de Tucumán el 10 de junio de 1976. El hecho les fue comunicado a la familia que vivía en Calilegua, por una amiga. Entonces el padre y una hermana de Delfina se dirigieron a Tucumán. Allí se alojaron en la casa que compartía Leandro. Esa noche fueron asaltados por efectivos militares, el padre fue maltratado y la hermana sometida a múltiples tormentos. En este juicio también se aguarda su testimonio.

Germán Córdoba, por otra parte, fue detenido el 27 de julio de 1976. Ese día, a las 3:45, se presentaron efectivos en su casa de Calilegua y le indicaron que debía notificarse en la Comisaría de esa localidad. Al advertir que no regresaba, su hermana Delfina fue a la dependencia policial donde un agente de apellido Flores le informó que su hermano estaba incomunicado y que regresara a las 16:00. Volvió entonces y vió un celular de la Policía del Ingenio Ledesma. Un oficial de apellido Ríos que conducía el movil, le dijo “no me guarde rencor, su hermano está incomunicado”. En la Comisaría se encontraban también el Jefe, de la unidad, Comisario Herrera, los policías Flores, Verón y Cachambi. De allí, Germán fue llevado a la Comisaría del Ingenio y posteriormente a la Central de Policía de la capital jujeña.

Germán había sido amigo de la hija del Comisario Herrera, por eso Delfina le pregunto si también iba a ser detenida ella. Al poco tiempo la hija de Herrera partió de Calilegua y estuvo varios meses ausente.

Narro Delfina que sus padres mantuvieron un encuentro con el Cnel. Carlos Néstor Bulacio, quien les dijo que nada sabía de Germán y que por Leandro preguntaran en Tucumán. Del encuentro participaron también Braga y Bulgheroni.

“LA MALA EDUCACION”

Pero además se reunieron con el Obispo Migruel Medina, quien los cuestionó diciéndoles que lo ocurrido con sus hijos era producto de “la mala educación que habían recibido de los padres”. Mientras esto ocurría detrás de unas cortinas, unos policías grababan la conversación.

Más tarde recibiría de Bulacio la confirmación de que Germán estaba detenido en la Policía, no así Leandro. Le pidieron que le llevara ropa, cuando regresó no la quisieron recibir. Delfina esperó en la plaza Belgrano hasta que un agente le permitIÓ entrar y tras un incidente que se produce en la sede policial a raíz de su ingreso, quedó detenida por tres horas.

La testigo relató que una vez, estando con la madre de Domingo Reales, vió en la Central de Policía a un comerciante de Libertador General San Martín, Alberto Castillo, al administrador del Ingenio Ledesma, Mario Paz y al Comisario Herrera. Ninguno quiso recibirlas. “Qué hacían ahí? Sabían lo que estaba pasando” sentenció Delfina.

En este marco, recordó el relato de Mario Paz en el film de Eduardo Aliverti “Sol de noche” donde confiesa que recibía coimas y que lo haría otra vez.

“EL REGALO DE LEDESMA”

Germán Córdoba era empleado administrativo de la empresa en barrio Ledesma y paralelamente realizaba sus estudios secundarios. “Quería estudiar y vivir mejor” dijo la testigo. Posteriormente pasó a desempeñarse en la Farmacia del Hospital de Calilegua que dependía de la empresa. Allí trabajó sólo 27 días hasta que se produjo su secuestro.

La testigo durante su testimonio se refirió a un telegrama que remitió el 21 de agosto la empresa Ledesma a su hermano Germán. En el telegrama lo intimaban a presentarse a trabajar, bajo amenaza de despido por abandono de trabajo. El padre contestó la nota. Una copia de esos documentos fueron aportados por Delfina Córdoba para su incorporación en la causa “Burgos y otros” –conocida como la Noche del Apagón- que instruye el Juzgado Federal Nº 2.

Cuestionó la testigo el hecho de que “algunos se hacen los que no saben” y calificó como “una vergüenza” los delitos y crímenes cometidos durante la dictadura.

“Cuando en mi casa se muere un perro, cavamos un hoyo y lo enterramos. Nosotros, no podemos podido hacerlo” reclamó al Tribunal y señaló el daño inmenso que provocó la represión junto a las grandes empresas. “Es demasiado, peor que los nazis” dijo la testigo y señaló que “ellos saben lo que han hecho”.

Destacó también que su padre fue empleado de la empresa Ledesma y su madre vendía frutas de la empresa. Después de tantos años de trabajo “qué les regaló la empresa? Les quitó a sus hijos”.

“Cuando leo en los diarios o veo en la televisión y escucho que Blaquier no tiene nada que ver con la dictadura, yo me pregunto por qué se llevaron a mi hermano al Ingenio. Es muy clara la complicad de Ledesma con el terrorismo de estado”, afirmó.

Señaló la testigo los múltiples padecimientos a los que fueron sometidos los familiares de los detenidos desaparecidos en estos 36 años. Recordó los maltratos que recibieron en el Regimiento 20, donde una vez el Cnel. Bulacio hizo participar a los familiares de una misa por los caídos por la subversión. En ese contexto, Bulacio los enfrentó con familiares de efectivos caídos en combate y los culpó a los familiares de los desaparecidos por esas muertes.

Señaló que durante muchos años junto a sus padres buscó a sus hermanos, después lo hizo sola cuando ellos ya no pudieron. “He sufrido mucho, ahora tengo 75 años y sigo adelante”.

Reclamó también la testigo que estos años de impunidad permiteron que muchos responsables murieran sin ser obligados a dar cuenta de los hechos, como Bulacio. “Pero está Braga que se burlaba, se reía cuando íbamos al Regimiento”. Precisó la testigo que el interlocutor en los encuentros en el Regimiento 20 era Bulacio, quien estaba siempre acompañado por Braga. “Estamos en la lucha para que nunca más vuelva a suceder esto” dijo Delfina y mirando al tribunal inquirió “tienen que ser castigados” los responsables de los hechos narrados.

SARA CRISTINA MURAD: “UN PLAN SISTEMÁTICO DE DESTRUCCIÓN DE LA PERSONA HUMANA”

Fue detenida en San Pedro en mayo de 1975 por el Comisario Enrique Morales en un operativo del que participaron efectivos con armas largas. La tuvieron presa en esa ciudad durante diez días hasta que fue trasladada por pedido del juez que entendía en una causa que le instruyeron, hasta la Central de Policía de San Salvador de Jujuy. De allí fue llevada al Hogar Buen pastor donde quedó detenida, hasta el 18 de noviembre 1975, fecha en que es trasladada al Penal de Gorriti junto a otras presas. En octubre de 1976, en un avión Hércules Murad y un grupo de presas políticas, es transportada a Buenos Aires y alojada en el penal de Devoto. Allí permanecerá hasta mayo de 1972, cuando es liberada, bajo el condicionamiento de una “libertad vigilada”. Murad había sido sobreseída de la causa que le instruyeron, no obstante tuvo que sufrir una extensa detención.

La testigo narró que en noviembre de 1975 la situación política había cambiado y las Fuerzas Armadas se hicieron cargo de los presos políticos. En ese contexto, se produjo el operativo de traslado del Buen pastor al Penal de Gorriti. En efecto, el 18 de ese mes, un grupo de 10 efectivos militares llegó al Buen Pastor. Las presas políticas fueron sacadas de un comedor donde merendaban y llevadas a una galería y luego fueron obligadas a retirar unos pocos efectos personales. “Fue una situación violenta, de mucho impacto” describió y agregó que mientras esto ocurría el resto de las presas por razones sociales fueron encerradas en un comedor. “Las monjas nos decían que nos quedemos tranquilas y las otras presas lloraban”, relató. Mientras permanecieron en el Buen Pastor, estuvieron alojadas en espacios compartidos, podían recibir visitas y realizar algunas prácticas de lectura. Este régimen cambió radicalmente en el Penal de Gorriti donde las presas fueron arrojadas en celdas individuales, con ventanas tapiadas, en un espacio mínimo sin luz y sólo con un colchón. Allí permanecieron encerradas todo el día, sólo podían ver la luz una hora al día cuando las llevaban a un patio de la penitenciaría. Tampoco les fueron permitidas -en un principio- las visitas, estaban incomunicadas y privadas de la lectura y del dialogo. “A los dos días apareció Singh y nos dijo que se nos había acabado la buena vida y ahora íbamos a saber lo que era estar presas”.

Esa situación de total aislamiento se extendió hasta diciembre de 1975, cuando les sacaron las maderas que cubrían las ventanas de las celdas y pudieron recibir visitas de un familiar.

Las presas estaban –les dijeron- a disposición del PEN y se les nególa posibilidad de efectuar cualquier gestión, incluso no se les permitió efectuar la opción de salir al exilio.

EL DÍA DEL GOLPE: UNA MEMORIA SOBRE MARINA VILTE

Sara Murad narró que el 24 de marzo de 1976, por una radio que pudieron escuchar, las presas se enteraron del Golpe de Estado. Ese día ingresó detenida al penal la mítica dirigente de ADEP, Marina Vilte que había tenido un rol central en la conformación de la CTERA en 1973.

Marina Vilte era Secretaria General del gremio docente y Secretaria Adjunta de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina. Recordó Murad que por esos días se produjeron los secuestros de otros dirigentes de la CTERA como Isauro Arancibia, Eduardo Requena y Alfredo Bravo .

La testigo dio cuenta de la lucha de Marina Vilte en defensa de la educación pública, gratuita y laica. Murad había conocido a Vilte estando detenida en el Buen Pastor, a donde Marina llegaba con sus gesto solidarios que además se traducían en el acompañamiento a las familias de las presas. Indicó Murad que durante su cautiverio en Gorriti no les fue permitido a las presas tener contacto con Marina, quien estuvo allí alrededor de un mes. Más tarde, en diciembre de 1976 Vilte sería nuevamente secuestrada junto a su hermana Selva y desde entonces permanece detenida desaparecida.

No obstante, el aislamiento que les impusieron en Gorriti, Marina se las ingeniaba para comunicar y cantaba coplas, “que nos alegraban y eso enfurecía a la gente del penal”, agregó Murad.

Mencionó al Tte. Orlando Vargas como Jefe de la Penitenciaría y además señaló también la presencia de otras personas que incidían en la vida carcelaria, como los hermanos Ortiz.

Un dato relevante que aportó la testigo fue la situación que vivieron Dominga Alvarez de Scurta, Alicia del Valle Ranzoni y Juana Torres. “Juana estaba muy golpeada y con el cuerpo moreteado, Alicia tenía el oído reventado y estaba también marcada por los golpes, al igual que Dominga”. Las tres tenían la convicción de que “las iban a matar” y pudieron contar que eran sometidas a torturas ejecutadas por Ernesto Jaig.

Scurta, Ranzoni y Torres, estuvieron en el penal alrededor de medio mes y diariamente fuerion llevadas a la Policía donde les practicaban las sesiones de tortura.

Refirió Murad que una mañana del mes de junio, “se llevaron a las tres compañeras”. La celadora, entonces les dijo que “las había llevado Jaig y no volvieron nunca más”. De hecho permanecen detenidas desaparecidas. El cuerpo de Dominga Alvarez Scurta fue encontrado años más tarde en el cementerio de Yala.

También Murad señaló la presencia constante del Ejército en el penal y relató que un día hubo una violenta requisa que fue conducida por Mariano Rafael Braga –uno de los imputados en este juicio- a quien reconoció por su cicatriz en el rostro. “Ese día nos dieron vuelta los colchones, tiraron las cosas que había en la celda, para generarnos más incertidumbre y afirmar su poderío”.

Indicó que un efectivo de apellido Gallo, que pertenecería al Ejército, “nos daba sermones e intentaba hacernos rezar y leer la Biblia” y en este marco recordó también la presencia del cura Labarta que “nos decía que recemos”. Como lo indican otros testimonios de este juicio, además, las acciones represivas se desarrollaron con “la bendición del Obispo Medina” que fue designado luego Obispo Castrense.

Durante su cautiverio en Gorriti, Murad también vió a Mirta Ibañez, Secretaria Gremial de ADEP y a Eublogia Garnica, quien había estado detenida en el centro clandestino de Guerrero donde fue torturada delante de sus dos hijos. Madre e hijos, callaban los dolores de los tormentos, para no aumentar el sufrimiento de las torturas. Eublogia –detalló Murad- tenía su cuerpo llagado y sus muñecas lastimadas por las ataduras.

Sara Murad y otras presas, fueron llevadas un par de veces a la Policía Federal donde las tenían paradas durante varias horas. La segunda vez “el Dr. Agüero” le informó que sería sometida a un juicio donde las fuerzas armadas asumían los roles de actores del proceso y fue luego interrogada sobre su vida política y le dijeron que podía “recuperarse en un régimen de 10 años presa. Volví desorientada, podía salir viva o muerta”.

En octubre de 1976 se produjo el operativo de traslado a la cárcel de Devoto. Murad fue llevada junto a otras presas, entre ellas Dora de Weisz y su pequeña hija Poty, Gladys Artunduaga, Mercedes Salazar, Ana María Pérez, Mirta Ibañez- en un camión y luego conducidas en un avión hasta Buenos Aires, para quedar alojadas en la cárcel de Devoto. En Gorriti, quedaron entonces las presas políticas Hilda Figueroa, Olga Demitrópulos y Soledad López.

“En Devoto la violencia iba creciendo” dijo y señaló además el aislamiento familiar que sufrieron por la distancia. “Había una política de cambio y movimiento permanente, nos iban rotando. Fue un plan sistemático de destrucción como seres humanos” destacó.

Murad es testigo de la muerte de Alicia Paris por falta de atención médica. La detenida padecía asma y le fueron negadas las medidas terapéuticas básicas.

En 1982 finalmente es liberada, pero con una libertad vigilada. “Estuve entonces presa en mi casa. Todos los días tenía que ir a la Comisaría a firmar” y además era constantemente vigilada por un efectivo de civil de apellido Aldana y una mujer de apellido Pinto que la interrogaba.

La liberación de Murad se produjo tras la presentación de habeas corpus. Un Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de apellido Mendoza y su Secretario Andrés D´alessio, tras esas presentaciones, recibieron entonces a un grupo de presas políticas. Allí le dijeron que tenía que quedarse en el país, pero con libertad vigilada.

Sara Murad testimonió en el Juicio a las Juntas en 1985 y luego en el Juicio por la Verdad (habeas data), como ocurrió con otros testigos, fue recordando nuevos datos que aportó al Tribunal en la audiencia de este jueves. Al finalizar su testimonio, dijo una frase que desde hace 36 años resuena en Argentina. “Ojalá que se haga justicia y Nunca Más”.

 

María Inés Zigarán y Georgina Torino para el

 Equipo de Comunicación de Apoyo a los Juicios en Jujuy

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