20va. JORNADA

LOS TESTIGOS RECONSTRUYERON DETALLES DE SITIOS DE DETENCIÓN Y METODOLOGÍAS REPRESIVAS IMPLEMENTADAS EN JUJUY POR LA DICTADURA

20ª audiencia en la sala del TOF
-Fotografía: Diego Martínez-

Durante la audiencia Nº 20, concretada el viernes 21 de septiembre, declararon los ex presos políticos Julio Moisés, Mario Martín Nuñez, Ernesto Reynaldo Samman, Soledad López y Luis Ramón Sanabria, así como el ex guardiacárcel Dalmasio Rodríguez. El imputado Rafael Mariano Braga que ha requerido ampliar su declaración ante el tribunal, lo hará recién la semana próxima. Se prevé para las jornadas de jueves y viernes próximos 9 testimoniales. Además el Tribunal dio a conocer este viernes una prórroga de la prisión preventiva correspondiente a Antonio Orlando Vargas, el imputado que sigue las jornadas desde el Hospital de la cárcel de Ezeiza, en tanto José Eduardo Bulgheroni lo hace desde la sala contigua al Tribunal y Braga desde la misma sala de audiencia.

La intensa jornada del viernes estuvo marcada por los relatos de los sobrevivientes que ayudaron a reconstruir las condiciones de detención en diversos sitios como el Hogar Buen Pastor, la Central de Policía, la Policía Federal, el Penal de Villa Gorriti, el centro de Guerrero y unidades penitenciarias de otras provincias a donde fueron trasladados algunos presos. También los relatos ayudaron a profundizar el conocimiento respecto de las formas que adquirió la tortura en Jujuy y se volvió a ratificar que los delitos contra la integridad sexual integraron también la metodología represiva.

JULIO CARLOS MOISES: “Los desaparecidos son un invento de ellos, están muertos”

La primera declaración de este viernes 21 de septiembre, correspondió al actual Intendente de San Pedro, Julio Carlos Moisés, quien afirmó al iniciar su relato que no guarda rencor ni busca venganza pero si espera Justicia. En algunos tramos de su alocución enfrentó al único imputado presente en la sala, Mariano Braga, reclamándoles el accionar de los responsables de la Dictadura y sobre todo “su cobardía cuando hubo que defender verdaderamente a la Patria como en la Guerra de Malvinas”.

Moisés fue uno de los primeros detenidos, el 24 de marzo de 1.976 en su domicilio de San Pedro por personal de Policía de la Provincia. Había sido asesor del Dr. Luis Aredez, durante el breve período en que fue Intendente de Libertador General San Martìn. Recordó a Arédez como “un hombre trabajador, de una tremenda honestidad, es muy raro encontrar personas como él en la política”.

Una vez detenido, Moisés fue llevado a su estudio con las manos atadas a la espalda, encapuchado con un policía de civil apuntándole con un FAL. Le pedían que entregara las armas pero “yo soy abogado de Sindicatos, no tengo armas” explicaba en tanto lo increpaban diciéndole que era un subversivo. “Estaba el Subteniente Allende Posse que me saca el cinto, anillo, una cadena que nunca me devolvieron”, dijo.

Recordó que en el recorrido para llegar hasta el Penal de Gorriti fueron recogiendo nuevos prisioneros. Ya en la cárcel les desataron las manos y les quitaron las capuchas. Fueron alojados en el Pabellón 3 “abajo estaban los compañeros peronistas, nosotros arriba. Yo estaba en la celda 32. Dicen que éramos de máxima peligrosidad”. Moisés detalló la distribución de los presos en el Penal, la que se hacía de acuerdo a la orientación ideológica de izquierda o derecha.

En octubre de 1976 se produjo un importante traslado de presos políticos. “En nuestro pabellón quedamos 5 o 6, al resto los llevaron al sur. Ese día lloré” dijo el testigo y señaló que temía que lo llevaran y lo tiraran al Dique Cabra Corral, porque por entonces se rumoreaba que muchos presos tenían ese destino.

El Intendente de San Pedró relató que una noche fue llevado a la Central de Policía a declarar junto con Reynaldo Aragón, Carlos Patrignani, Ramón Calapeña y Jorge Weisz. Allí fue indagado por Ernesto Jaig quien lo acusó de subversivo. “Si existe el infierno ahí debe estar” afirmó Moisés refiriéndose a Jaig. Igualmente recordó que “a todo le decía que sí, porque no sabía cual iba a ser mi destino”. Moisés fue liberado el 23 de diciembre de 1976.

En su exposición, felicitó a los familiares y a las madres por su lucha pero –sentenció- “los desaparecidos es un invento de ellos, están todos muertos”, concluyó contundente esta parte de su relato.

Hizo referencia, entre algunas de las crueldades de los victimarios, a la xenofobia “menos mal que en Jujuy no había detenidos judíos”. En una ocasión tuvo que demostrar ante tres jóvenes oficiales que no estaba circuncidado.

En su extensa declaración aseveró la presencia en la cárcel de detenidos como Calapeña (Ramón), el Dr. Ovando, “Pájaro Loco” Robles (Juan), Colauti, Fidalgo (Andrés) y también según su impresión “la cadena de mando estaba compuesta por Bulacios (Carlos), Jones Tamayo (Juan Carlos) y, que Dios me perdone, Medina (Obispo José Miguel)” y en la cárcel “Vargas (Antonio Orlando) y Maldonado (Eduardo)”. También aseguró que “todas la Fuerzas Armadas estuvieron comprometidas con el golpe” y que “todo estuvo muy bien armado y planificado”.

Expuso su decepción por el Colegio de Abogados “Yo era socio, pero ningún abogado ni Juez hizo nada, ni siquiera fueron a mirar si estábamos vivos”. Y pidió al Tribunal, al final de su relato “Justicia, equidad y responsabilidad para que el pueblo argentino tenga la verdad”.

MARIO NUÑEZ: “QUEDE ESPERANDO QUE MI HERMANO QUEDE LIBRE Y ME LLEVARON DE NUEVO DETENIDO”

El testimonio de Mario Martin Núñez, otra víctima más del terrorismo de Estado, refuerza la falta absoluta de valor por la vida de los demás. Fue apresado por tres policías de la provincia (dos varones y una mujer) por “averiguación de antecedentes” en el domicilio de su padre en Calilegua el 20 de julio de 1.976, la Noche del Apagón. Lo llevaron primero a la Comisaría de Calilegua, de allí a la Comisaría del Ingenio Ledesma y desde ese lugar al Centro Clandestino de Guerrero donde sufrió “torturas de todo tipo: picana, submarino, golpes”. El 22 de julio de 1978 le otorgaron la libertad, pero quedó tres meses más detenido por un error con su apellido materno.

Quince días después de estar en Guerrero, el 7 de agosto de 1976, Nuñez fue trasladado de Guerrero a la Central de Policía, donde vio a su hermano Enrique que estaba lastimado y queu había sido también detenido. En ese momento le conceden la libertad, pero como Nuñez se quedó en el lugar aguardando a su hermano, fue detenido y conducido en un falcon al Penal de Gorriti. Allí estuvo el 7 de octubre de 1976, fecha en que fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata. En su memoria permanecen compañeros de prisión como Horacio Díaz, Enrique Núñez (su hermano), Darío Ceballos, Alfredo Cortez, Raúl Rodríguez, René Rodríguez, Cassiano Bache , Dávila, los hermanos MIguel y Horadcio Garnica, Domingo Reales , pero calcula que en el “camión que nos trasladaron desde la Calilegua éramos 38 o 39”.

El testigo nombró a” Narváez y Aybar “como los que hicieron el traslado hasta el aeropuerto y recordó los agravios contado por cada uno de los tuvieron como destino el penal de La Plata: golpes, humillaciones, robo.

Nuñez brindó precisiones sobre las torturas sufridas durante el traslado aéreo a La Plata y afirmó que “abrían las puertas y largaban gente” y para que no escucharan los hacían cantar.

Una visita de Amnesty Internacional a la Unidad 9 provoca la real libertad de Mario Núñez el 22 de julio de 1.978.

DALMASIO RODRIGUEZ: SIN NOVEDADES

Un ex empleado de la Penitenciaría, Dalmasio Rodríguez también brindó testimonio en la Audiencia Nº 20. Rodríguez ingresó a trabajar al penal en 1969 y estuvo allí prestando servicios hasta 1992 aproximadamente. Su testimonio no aportó datos substanciales.

El testigo señaló que el 24 de marzo de 1976 hubo un cambio de autoridades en el penal que fue conducido desde ese momento por el Regimiento 20. En ese contexto asumió como Director, el Tte. Antonio Orlando Vargas, imputado en este juicio.

Rodríguez, explicó la organización de los Pabellones y la rutina carcelaria. Al ser consultado afirmó que en esas dependencias junto a Vargas estaban habitualmente Braga y Bulgheroni y agregó que había movimiento de presos, a algunos los llevaban, volvía algunos, otros no. Indicó el testigo que su superior directo era Cándido Arjona.

ERNESTO SAMMAN,SECUESTRADO PRIMERO EN EL INGENIO LEDESMA Y SOBREVIVIENTE DE GUERRERO: “A PARTIR DE AHORA SOS EL NUMERO 56”

Ernesto Reynaldo Samman fue detenido dos veces, el 24 de marzo de 1976 y el 21 de julio de ese año, un día después de la fatídica Noche del Apagón. El relato de Samman sobre sus detenciones –como ocurrió con otros testigos- vinculan a la empresa Ledesma con la represión. De hecho esto está siendo investigado en causas que se encuentran en etapa de instrucción.

La primer detención del testigo se produjo el 24 de marzo de 1976 en la Portería del Ingenio Ledesma donde se desempeñaba como empleado de primera categoría en el Departamento Administrativo. Ese día, al llegar a su lugar de trabajo, su Jefe le comunicó que el Area de Personal necesitaba hablar con él. Pidió entonces, un pase para salir de la fábrica que le fue denegado. “Vaya así nomás, no va a haber problemas” le dijeron. Por entonces, el clima ya estaba enrarecido, se habían producido detenciones de dirigentes del sector azucarero. De hecho desde el 74 en Jujuy se suceden los secuestros.

Samman al recorrer la distancia que mediaba entre su lugar de trabajo y la Portería, unos 500 metros aproximadamente, fue advertido por un trabajador sobre la presencia de dos personas extrañas. Al llegar a la Portería se encontró con el portero y dos personas con ambos que le preguntaron si él era Samman. “¿Sos de los subersivos?” . Lo sacaron violentamente de la fábrica y lo subieron a un Chevy.

Primero, lo condujeron hacia su casa donde los efectivos efectuaron un allanamiento y robaron objetos de valor, joyas, medallas; lo mismo hicieron después en la casa de su suegra y de su madre. Al mediodía lo llevaron a la Comisaría de San Pedro y de allí a la Central de Policía en Jujuy donde estaban ya detenidos Raúl Bartoletti, su pareja, los hermanos Oscar y Luis Alfaro y Lito Juárez, entre otros. Todos habían estudiado en Tucumán y trabajan entonces en Ledesma.

En la Central recordó la presencia del Cro. Ernesto Jaig, el Cro. Damián Vilte y el oficial César Vázquez y afirmó que en ese lugar se hacían requisas y se escuchaban voces. En ese contexto supo que Jaig pedía torturar personalmente a las mujeres detenidas.

Samman fue interrogado por el Capitán Jones Tamayo acerca de su actividad como estudiante en Tucumán y sobre su filiación política. Samman recordó que lo incriminaron por la tenencia de “un libro: “La revolución de las armas” de historias de cowboy y un casette de Mau Mau”, que pensaban aludía a Mao Tse Tung.

Tras el interrogatorio fue llevado a una ducha donde lo torturaron. Finalmente después de esto, alrededor de las 23:00, lo liberaron y le dieron una constancia, que -al día siguiente cuando se presentó en la fábrica- intentó entregar para justificar lo sucedido. Ese día ingresó por error a una oficina de la empresa donde observó con estupor que se encontraban las mismas personas que lo habían secuestrado el día anterior. Dialogaban con el entonces Jefe de Relaciones Humanas, que se sorprendió al verlo ingresar.

La segunda detención de Sammán se produjo el 21 de julio, inmediatamente después de la Noche del Apagón. En efecto, precisó Samman el 20 de julio en la noche se produjeron varios apagones y un clima de terror se enseñoreó del pueblo cuando se desató un operativo masivo de secuestros y detenciones.

Sammán el 20de julio había dormido en la casa de su madre porque era su cumpleaños. Lo habían buscado esa noche por su casa domicilio. Por eso, en la mañana siguiente se presentó a la Seccional 11, donde le informaron que el allanamiento había dado negativo y le requirieron que se presentara en la Seccional 24 del Ingenio Ledesma. Fue allí y pidió hablar con el Comisario José Lescano, quien entonces le anunció que a partir de ese momento estaba a disposición de las autoridades militares.

Un agente le comentó al testigo que esa noche se habían producido varias detenciones En un celular fue llevado a la Central de Policía donde permaneció atado y vendado. Sin embargo pudo reconocer algunas presencias. El día posterior a su llegada –narró. escuchó un diálogo, uno dijo “Este es el Capitán…” y otro le respondió “No, es el Tte. Braga o Fraga”. Samman dijo que creyó haber visto a Braga en el momento en que era sacado de la Policía y subido a un patrullero que lo conduciría por Avda. Córdoba, Ciudad de Nieva hasta ingresar a la Ruta 9. Finalmente, el móvil que lo trasladaba llegó a destino, se trataba supo más adelante del Centro Clandestino de Guerrero. Al llegar ahí escuchó gritos y le ordenan que olvidara su nombre. “A partir de ahora sos el Nº 56, ya no tenés identidad”. Lo arrojaron en una habitación contra el piso sobre otros cuerpos. Por las voces adviertió que había gente de Ledesma, de Calilegua, El Talar y otra traída de Tucumán. En ese lugar, los presos recibieron torturas colectivas. “De noche violaban a las mujeres, escuché a las chicas llorar desesperadas y el grito de satisfacción de los violadores”. También señaló que, al descubrir los efectivos que uno de los detenidos era homosexual, se le burlaron, se rieron y lo violaron.

13 DIAS EN EL INFIERNO

Samman permaneció 13 días en Guerrero. Una noche, a Sammán y otros presos, les hicieron un simulacro de fusilamiento, los pusieron contra un paredón. “Apunten, fuego”, escuchó y las balas chocaron contra el paredón, mientras algunas personas que caían al suelo. Ese simulacro se repitió una vez más.

Relató Samman la saña de los torturadores que no dudaron en cometer las vejaciones más inimaginables. En Guerrero reconoció las voces de Ernesto Jaig y Damián Vilte. También la del Obispo Medina. “Todos los principios religiosos se me fueron al diablo” dijo y señaló que en una oportunidad se dirigió al cura diciéndole “Señor le reconozco la voz”. El Obispo le dijo “¿qué querés decir?”. Samman respondió que quería declarar para esclarecer la situación.

Posteriormente fue interrogado en forma individual. “Todos dicen que sos subversivo” le dijeron entonces, el testigo negó ese cargo y recibió el impacto de una patada en los dientes”. Le pedían que hable y Sammán no lo hacía. Llevaron entonces a un detenido y le preguntaron si conocía a Samman, el preso respondió “es del ERP, de prensa y propaganda, repartía revistas en Tucumán”. Fue entonces Sammán sometido a otra sesión de tortura, submarinos, golpes en la cabeza y en los oídos, inclusive le dieron ·un chispazo en sus zonas íntimas y patadas.

Trajeron a otro preso más y se repitió la misma escena. Luego llevaron a un detenido que había sido compañero del secundario y a pesar de que este dijo “no andaba en nada, era un buen deportista”, nuevamente fue sometido a torturas y perdió el conocimiento. Más tarde se despertó al recibir un chorro de agua y le hicieron firmar una declaración. Posteriormente, de nuevo fue arrojado sobre otros cuerpos.

Una noche uno de los detenidos en Guerrero se destabicó –recordó el testigo- y reconoció el lugar: “Conozco esta casa acá me trajo Mario Paz” dijo el detenido, entonces los guardias se abalanzaron sobre él, lo sacaron y se escuchó después una ráfaga de tiros. Ese preso no regresó más.

Después de 13 días de haber vivido en ese infierno, el testigo y otros presos fueron llevados en un celular a la Central de Policía, donde les sacaron fotos y los ficharon. De allí, fueron trasladado al Penal de Gorriti, donde su situación quedó un poco más legalizada.

EL OBISPO MEDINA: UN SERMON DONDE PEDIA DELACION

En la penitenciaría de Gorriti, Eduardo Sammán vió al “Padre Labarta” que les decía “tranquilos, ya va a sar” y les anunció que el Obispo Medina oficiaría una misa. Así fue, a fines de agosto Medina ofició una misa y durante el sermón les preguntó “¿ustedes saben por qué están aquí?” y respondió él mismo: “Porque no han hablado”. Medina se ofreció entonces para recibir confesiones y delaciones, “para que cuenten la verdad”.

Samman sabía que Vargas era el Director del Penal donde vió entre otros a Jorge Weisz que paseaba a su hija “Libertad” nacida en cautiverio, también vió a Carlos Patrignani, los hermanos Díaz y a Carlos Tilca.

“SE ABRIÓ UNA ESCOTILLA Y DIJERON AHÍ VA UNO”

El 7 de octubre de 1976, Eduardo Samman y un grupo de presos, fueron traslados en vehículos militares hacia el Aeropuerto El Cadillal. Allí los detenidos varones fueron subidos a un avión Hércules, sentados en el piso y esposados, con cabeza gacha. A las mujeres las aguardaba una avioneta que las llevaría a Villa Devoto.

Relató Samman el horror vivido durante ese viaje. “Nos golpeaban y nos hacían cantar fuerte canciones patrias como la Marcha a San Lorenzo”. Entonces escuchó que “se abrió una escotilla y dijeron “ahí va uno”. Algunos testimonios recogidos en este juicio revelan que en ese vuelo, algunos presos habrían sido arrojados al vacío, desde el Hércules.

Detalló después el testigo el brutal recibimiento en la Unidad Penal 9 de La Plata, a donde llegaron 78 detenidos. Fueron alojados en un Pabellón donde les hacían requisas cada 2 o 3 días. Allí estuvieron dos semanas en observación hasta que los pasaron a otro pabellón, donde tenían un régimen de visita. Sammán recibió a su familia en Año Nuevo.

Recordó las humillaciones y el maltrato psicológico que recibían en La Plata, donde estuvo hasta que en junio, en un avión de LADE, fue llevado a la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba. Eran, recordó, “18 varones, entre ellos un judío Isaac Rumic y 3 mujeres traídas de Devoto”·. Los amenazan que si les pasaba algo a Videla que estaba efectuando un raid por el norte argentino, iban a perecer los 21.

A fines de septiembre fue trasladado a Sierra Chica donde estuvo hasta principios de abril cuando fue liberado. “La salida fue terrible también” dijo, afuera del penal aguardaban familiares que clamaban noticias por los suyos y que solidariamente lo ayudaron a llegar a Córdoba primero, y finalmente a Libertador, sin DNI, solo con el papel de su libertad.

“ Volver a mi pueblo fue terrible, la consigna era que no teníamos que regresar”. Pero además, recordó la indiferencia de la gente que “se cruzaba de calle para no saludar”.

“Todas las víctimas detenidas y desaparecidas somos y seguiremos siendo inocentes, porque jamás fuimos juzgados” sentenció Samman en medio de su declaración.

Una semana después de su regreso a Libertador, fue citado al Regimiento 20, donde fue recibido por Bulgheroni y Ortiz. Le entregaron entonces una constancia firmada por Bernal Soto, jefe del Regimiento 20 y en ese mismo encuentro lo invitaron a “colaborar”. Le dijeron: “cuando vayás a una confitería y te encontrés con gente, anotá los datos y llamanos”.

Samman después de detallar los horrores vividos personalmente durante su cautiverio, señaló también los padecimientos a los que fueron sometidos los familiares por Bulacios, entre otros. Recordó que una vez a su esposa después de arengarla, la amenazó con que harían desaparecer a su hijo, “Dijo que lo tenían que matar para matar de raíz la subversión”.

A los dos meses lo llamaron para trabajar en la fábrica de alcohol de Ledesma, entró como obrero, después de haber sido empleado de primera categoría. En el 79 lo pasaron a la fábrica de papel. Renunció en 1978 y se dedicó a la docencia, actividad a la que se dedica actualmente.

Sammán narró también el camino en búsqueda de justicia, desde su declaración en la Comisión Investigadora de la Legislatura de Jujuy en 1984 y los vaivenes provocados por las leyes de amnistía, olvido, perdón e indultos. “Ledesma está cooptada por delatores” sentenció y señaló la crueldad que supuso la impunidad que los cruzó en la vida cotidiana con sus captores.

También Samman se refirió a la historia cíclica, cada vez que el sindicato de trabajadores del azúcar se fortaleció y llevó adelante demandas, sus dirigentes fueron perseguidos. En los 50 –durante el surgimiento del peronismo- y en la década de los 70, se registraron dos momentos importantes de crecimiento sindical en Ledesma que fueron seguidos de represión.

SOLEDAD LÓPEZ: “CONFÍO EN QUE SE VA A HACER JUSTICIA”

Soledad López a principio de los 70 se había integrado a la Unión de Estudiantes Secundarios vinculada a la JP, brindando asistencia en los barrios pobres a jóvenes y niños. “Militaba en los barrios, dando clases de apoyo en El Chingo, organizábamos los festejos del día del niño. Eso era lo grave que habíamos hecho”.

Al comenzar su testimonio, en el Día del Estudiante, López dedicó sus memorias a los jóvenes que hoy luchan y a su compañero hoy detenido desaparecido Víctor Orlando Farfán. Agradeció a Néstor Kirchner “porque cuando bajó el cuadro de Videla nos dio esperanzas a todos nosotros para que llegue la justicia que es un bálsamo para todas las heridas”.

En 1974 después de la detención de Jorge Weisz y otros dirigentes, la Juventud Peronista realizó una pintada exigiendo su libertad. Después de ese episodio se produjeron detenciones, entre ellas la de María de los Angeles Cabana, “Pichona” y Carlos Tilca.

Soledad López conocía la situación, entonces fue a la casa de “Pichona” Cabana para avisar que la habían detenido. Salió la madre, la tía y el esposo, el Cro. Rioja. López fue agredida, la acusaron de haber sido la responsable de lo sucedido con Pichona. “La tía de Pichona me dijo “vos sos la que organizaste y la llevaste” y la amenazó: “ahora vas a ir presa vos también”. Ahí comenzó su calvario. Era el 9 de noviembre de 1974. Soledad tenía entonces 19 años.

Ese día fue apresada en la parada del colectivo por dos personas de trajes que la golpearon y la obligaron a subir a un auto. Fue conducida a la Policía de la Provincia. Allí e, Cro. Rioja –tío de Pichona- le dijo “quién te mandó a secuestrar al hijo de Pichona?”, trató de explicarle el equívoco y recibió una bofetada. Una mujer la requisó, después algunos agentes le advirtieron “hablá porque sino te van a llevar a la Federal y te van a hacer re cagar”.

De la Central de Policía fue llevada a la Federal, donde fue acusada de haber estado pintando paredes. “Me golpearon en la cabeza como si fuera un hombre” dijo e identificó al agresor como Rodríguez Mendoza. Quedó sin capacidad de coordinación después de los golpes, entonces la llevaron a una pieza sola. Estando allí Rodríguez Mendoza la increpa: “decí que hiciste” y como no le contestó, la amenazó. “Yo te voy a ayudar a recordar” dijo y se sacó el cinto del pantalón. “Pensé que me iba a pegar, pero no era para eso” dijo y señaló que Mendoza estaba a punto de agredirla sexualmente, entonces suplicó que no lo hiciera que ella iba a decir que había estado en la pintada. El hombre se puso la ropa.

Estando en la Federal, escuchó un hombre que pedía que no le pegaran, se acercó y vio a Eduardo López Salgado. “Lo abracé y pedí que no le pegaran, me sacaron de la habitación” narró.

En esa dependencia policial, le tomaron declaración y la obligaron a firmar un escrito que no pudo leer. Al día siguiente vió a su amiga Pichona Cabana, quien le preguntó qué le había pasad. También su amiga le dijo que había tenido que contar todo “mi familia está en el poder”, le había confesado.

“Ella sabía todo, me dijo que el que me detuvo fue Jaig, que quien me había pegado era Rioja y el que me tomó declaración era Torena”.

Estuvo detenida en la Federal alrededor de una semana, hasta que se le pasaran los rastros de los golpes. Allí vió al “Gaucho” Martín “con una valija con dos cables que tenían unas puntas rojas y negras”, lo que interpretó más adelante habría sido un equipo para picanear gente.

De la Federal fue llevada al Juzgado Federal a declarar y tras esto quedó detenida en el Buen Pastor. Estando allí se le hinchaba el vientre, pensó que estaba embarazada y creía que esa noche que había sido golpeada y perdió prácticamente la conciencia, había sido violada. Más tarde comprobó que no se trataba de un embarazo.

Estuvo detenida en el Hogar Buen Pastor, alrededor de un año y en 1975 fue trasladada al penal de Gorriti. Las condiciones de detención eran ostensiblemente mejor en el Buen pastor, donde las presas recibían un dinero mensual por fajinas.

Allí la testigo compartió cautiverio con Dora de Weisz que cursaba un embarazo, narró la solidaridad de las presas para juntarle alimentos nutritivos. Las visitaba Marina Vilte, “era muy solidaria con nosotras, nos llevaba quesos, dulces, fiambres, leche que distribuíamos entre todas”.

En 1975, ya trasladada a la penitenciaría de Gorriti, sufrieron un régimen duro de detención. Al principio, relató, estaba alojadas en celdas individuales, con ventanas tapadas, sin luz. Recordó a celadoras humanitarias, Claure y Temer, que les permitían salir por momentos de esa condición.

El día del Golpe, el 24 de marzo de 1976, recordó, se produjo el ingreso al Penal de Marina Vilte, de gente de Ledesma y Calilegua.

Lópes señaló que Jones Tamayo –ya veces el Capitán Page- la sacaba de su celda para conversar, le preguntaba qué estudiaba, quienes eran sus amigas, qué hacían, que película veía, qué libros leía y sobre su militancia.

Durante su testimonio López recordó un episodio. Era junio o julio del 76, cuando vio a Dominga Alvarez de Scurta, Alicia del Valle Ranzoni y Juana Torres. Ranzoni se encontraba muy deteriorada porque había sido picaneada en sus genitales y estaba llena de moretones. Juana Torres recordó estaba muy preocupada por su hermanito de 14 años que estaba preso por subversivo.

Las tres –Scurta, Ranzoni y Torres- fueron sacadas del Pabellón esa misma noche. López miró por la hendija de la puerta y observó a Singh, Jaig, Gutiérrez, Díaz y otros efectivos más.

Vió pasar delante de su celda primero a Scurta que la miró y le guiñó el ojo, después pasó Torres y Ranzoni que gritaba “no por Dios, no”. Después de esto, “me quedé muy mal” recordó López .

El 5 de octubre se produjo un traslado de presas a Buenos Aires. Varias de ellas fueron llevadas a Villa Devoto. En Gorriti, quedaron Soledad López, Hilda Figueroa, Mabel Jaramillo y Olga Demitrópulos.

Después de esto recrudeció el trato hostil, que había cedido. De nuevo les taparon las ventanas, las celadoras no las hablaban. Pasado un tiempo, tuvo un encuentro con el Obispo Medina que le dijo “tu fe te ha salvado porque rezás”.

A fines del 76 o principios del 77, la volvieron a llevar a la Federal, esa vez estaban López y Braga o Fraga. La interrogaron acerca de gente de Tucumán. Uno de ellos le dijo “voy a jugarme por vos, te voy a dar la libertad. No sé si sos un Jesús en la tierra o sos una hija de puta que un día me va a matar”. Después de este episodio fue puesta en libertad. La testigo nunca pudo recordar el día, pero estimó que debía ser cerca de febrero del 77.

Soledad López intentó reinsertarse socialmente, pero no conseguía trabajo, o a poco de ingresar a alguno era despedida. Un joyero le confesó que el problema era que la Policía les advertía que no era conveniente que le dieran trabajo a ella porque había sido guerrillera. Entonces buscó entrevistarse con Ricardo Ortiz, a quien visitó en una oficina del RIM 20. “Por qué no me mataron, para que me liberaron si ahora no me dejan vivir”, le espetó. Ortiz entonces la llevó a un encuentro con el Capitñan Arenas y le dieron un certificado que consignaba su libertad por falta de mérito.

Al poco tiempo consiguió un empleo estatal, estabilizó su vida y quedó embarazada. Su felicidad se interrumpió al poco tiempo cuando en 1980 un Secretario judicial le advirtió: “te tenés que ir del país urgentemente, porque van a pedir tu captura. Hay un expediente comprometedor”.

Se le vino “el mundo abajo”. Después de reunir algunos recursos, salió a Bolivia para salvar al hijo que llevaba en su vientre. La acogió una familia de Bolivia, cuyos integrantes eran del PC. Resolvió regresar a Jujuy cuando una amiga le dijo que la situación había mejorado. Llegó en Año Nuevo y a principios de enero quedó nuevamente detenida. Se había presentado en la Seccional Tercera donde estaba el Comisario Aldapi, quien la interrogó sobre donde había estado. “Y ese hijo de quién es? Es de un guerrillero?” le dijo Aldapi y enfatizó: “vos te escapaste una vez, pero esta vez sos boleta, a menos que me digas dónde estuviste”. López insistió en que no había hecho nada y comenzó nuevamente a sentir el mismo miedo de la primera vez que había sido detenida. “Le pedí compasión porque estaba embarazada”. Estuvo allí detenida unos días, posteriormente la llevaron a la Central de Policía donde funcionaba un CCD, supo más tarde. Dos días después fue llevada al Juzgado a cargo de Magnus Topp quien la interrogó sobre si había ido a Barrio Belgrano a visitar a una persona y si había llevado panfletos. Le respondió que no, porque en esa fecha estaba detenida en el Penal.

López fue finalmente liberada y a los pocos días perdió su embarazo. “Había perdido todo otra vez, después de tanto sacrificio que había hecho. Es algo que nunca voy a poder superar”, dijo.

Decidió volver a militar, si igual hiciera lo que hiciera iba a ser perseguida. Fue rechazada en el PJ, entonces se unió al Humanismo y después al MAS. Más adelante se incorporó al SEOM y empezó a trabajar en organizaciones barriales y centros vecinales.

“Descreía del peronismo, yo decía que con esa gente no iban a llegar a ningún lado. Fue una alegría inmensa cuando llegó Néstor Kirchner, cuando bajó el cuadro de Videla. Ahora estoy orgullosa de ser peronista” afirmó.

López, también se refirió a la revictimización que provocó la impunidad. Tuvo que cruzarse durante las últimas décadas con victimarios como el Gaucho Martín, Aldapi o Cossio.

La testigo habló de las actuales persecuciones en su trabajo actual, y señaló que allí revisten tres efectivos que combatieron en Tucumán y que reclaman su lugar de víctimas e indemnizaciones. López consideró que es justo, pero afirmó, para eso tienen que “hablar, que denunciar y que contarle a la justicia todo”.

Al término de su declaración, López se dirigió a los jueces y les dijo “confío en ustedes, tengo fe en que se va a hacer justicia. Ellos, los represores han tenido un juicio justo, con defensores y todas las garantías, no como nosotros. Por eso reclamo lo que corresponde”. López durante su conmovedor testimonio, agradeció a la actual Presidenta y al kirchnerismo por su aporte al proceso de derechos humanos.

LUIS SANABRIA: “LOS COMPAÑEROS DECÍAN QUE NO VOLVERÍA”

Luis Sanabria fue fue el último testigo de la vigésimo audiencia del juicio. Al momento de su detención, Sanabria se encontraba con su hermano y un amigo en la Sociedad Española de San Pedro. Dos policías de la Brigada de Investigaciones les comunicaron entonces que estaban detenidos, pero les permitiéndoles avisar a sus familiares, antes del arresto.

Narró que fueron llevados a la Comisaria de La Esperanza aproximadamente a las 21.00 y de allí en una camioneta del Ejercito “por un camino que era picada, monte” fueron conducidos hasta la Comisaría del Barrio San Martin en Jujuy, donde quedan alojados junto a presos comunes.

Sus padres alertados, se habían comunicado con el abogado Kamal Zamar pero desconocían el paradero. Pudieron conocerlo por un favor de un preso común que había estado detenido por ebriedad y a quien “le anotamos en el zapato el teléfono del abogado y le pedimos que avisara sobre la detención”.

El testigo fue trasladado esposado a la Central de Policía donde fue alojado en una celda al fondo junto a otros detenidos que estaban atados con alambres, en medio de charcos de agua. Allí reconoció a Lazarte.

Al día siguiente Sanabria es regresado al Penal de Gorriti donde permaneció alrededor de 18 meses, mientras su hermano estuvo detenido seis meses.

Recuerda que se producían los “verdugueos propios: revolver la celda, tirar las cosas” hasta que a mediados de junio lo llevaron a una oficina, con hojas de diarios tiradas en el piso, música muy fuerte, que estaba ubicada en el sector del pabellón de las mujeres para “hacerle un interrogatorio, me picanean querían que les de nombres. Estaban Aguaysol, Arjona, Zarate, Vargas y Bulgheroni que puso el arma remontada y me dijo que de ahí no me iba a ir más. Después me tiraron en otra celda, en medio de otras vacías, por lo que no podía recibir respuesta a los golpes en las paredes que era la forma en que nos comunicábamos. Los compañeros decían que yo no volvía hasta que me llevaron al baño y pude encontrarme con algunos”.

“LA HIERBA DE LOS CAMINOS LA PISAN LOS CAMINANTES”

Recordó Luis Sanabria que en julio del ’79 se encontraba en el patio del Penal cuando, Zarate – un secretario de Bulgheroni- le dijo “te vas mañana, cuando salgás corré”. Efectivamente al día siguiente lo llevaron en una camioneta blanca junto a Patricio Vidal Lazarte, Rosa Santos Mamani y Santos Vega al RIM 20 para retirar los documentos.

“Nos llevaba un chofer uniformado y un oficial con arma que empezó a silbar una canción prohibida. Mamaní (Rosa Santos) se da vuelta para escuchar y entonces uno de los efectivos le dijo “vos de acá no te vas” y lo bajó, ya en el patio del Regimiento 20. Mamaní es uno de los detenidos desaparecidos de Tumbaya, cuyo final se investiga en este juicio.

La canción a la que refería Sanabria y que silbaba el oficial era “La hierba de los caminos” o “Que la tortilla se vuelva” símbolo de la Resistencia española.

 María Inés Zigarán y Silvia Martínez, para el

EQUIPO DE COMUNICACIÓN DE APOYO A LOS JUICIOS EN JUJUY

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s