Hilda Figueroa. Reportaje

“Un hecho político trascendente e intergeneracional”

Hilda Figueroa era estudiante de Abogacía en la Universidad Nacional de Tucumán. Fue detenida durante uno de los Apagones en Libertador General San Martín, en julio de 1976. Ahora es miembro de la Asociación de Detenidos Desaparecidos y Víctimas del Terrorismo de Estado Regional Ledesma.

“El Juicio que acaba de comenzar es un hecho político trascendente e intergeneracional. La sociedad podrá conocer la verdad, reconocerse en esta trágica historia y con la verdad vendrá la justicia. Cerrará así una parte de las heridas, la otra sólo cerrará cuando el Estado pueda resarcirnos y generar condiciones para que podamos volver a la vida que teníamos”.

Figueroa destaca que “los Juicios por Lesa Humanidad se enmarcan en una democracia que se levantó de la silla de ruedas. En este sentido, es justo que los delitos cometidos hace 36 años se juzguen como delitos imprescriptibles, no como delitos comunes. Y esto fue posible por el ejercicio ininterrumpido de democracia”.

“Solo recordando podíamos hacer posible los juicios”

El testimonio de los ex presos ha permitido reconstruir las historias de los centros de detención. Esa apuesta a la memoria continua, dice Figueroa, ha hecho posible en gran medida los juicios.

Sobre su detención recuerda: “La noche del 20 de julio irrumpieron en mi casa, destrozando todo, lanzando tiros. Me ataron y con los ojos vendados me subieron a una camioneta. En la Comisaría de Calilegua me colocaron un numero, el 85, y me tiraron sobre otras personas para trasladarnos al Centro Clandestino de Detención de Guerrero. Lo reconocí enseguida porque pocos años antes había estado ahí con mis compañeras del Colegio del Huerto en un retiro espiritual. En el mismo lugar en que se improvisó antes un altar, ahora se torturaba.

Durante los días en Guerrero padecimos torturas, violaciones y tormentos. El 4 de agosto me llevaron a la Policía Central en Jujuy, luego a la Cárcel de Gorriti en donde permanecí a disposición de PEN (Poder Ejecutivo de la Nación) en el pabellón 4 durante 5 meses. Recuerdo que en una ocasión me llevaron a Salta por el camino de cornisa y allí simularon un fusilamiento.

Yo tuve poliomielitis cuando tenía un año y estaba finalizando mi tratamiento cuando se produjo mi detención. Mis condiciones de salud nada importaron, me fracturaron tibia y peroné, razón por la que ya no pude independizarme de la prótesis, ni del bastón. Finalmente el 11 de enero de 1977 me liberaron y el Capitán Jones Tamayo con el Tte Ripoll me pidieron disculpas porque se habían equivocado, “olvide todo, ponga la otra mejilla y perdone”, me dijeron.

¿Cómo fue el después? Cuesta arriba. Tres años de tratamiento psiquiátrico más el amor de mi familia y de algunos pocos amigos, me permitieron recuperar la salud mental. Pude conformar una familia con 5 hijos y 7 nietos. Trabajo como empleada y a través de una Fundación, sostengo un Centro de Cuidado Infantil desde hace 25 años, donde ejerzo la solidaridad y concreto sueños y utopías por un mundo mejor”.

Producción: Silvia Martínez

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